Ana Julia Di Lisio

Memorias de Cusco I

Estoy en otra plaza de Cusco que no es la de armas pero está bastante cerca. Hay un hombre con trastornos obsesivos compulsivos que no para de mover las manos y chasquea sus dedos sin parar, la mirada alta, perdida... 
 
En una de las bancas de la plaza, que están todas ubicadas poligonalmente mirando hacia la fuente del centro de la plaza, hay otro señor leyendo el diario y un lustrabotas que trabaja sin descanso mientras el hombre sumergido en su lectura, parece no registrarlo. Acaso aún quedó el sueño de poder llegar a ser un colono que disfruta de su tiempo y vida, mientras otros se desloman para sostener tal herejía. 
Claro está, que ese hombre a diferencia de hace 200 años atrás, una vez que pague su servicio al lustrabotas con ‘sencillo’ o monedas, emprenderá su caminata hacia el mercado a ofrecer seguramente choclitos con queso a 1 sol o quizás alguna ‘chompa’ de baby alpaca para el frio, especialmente confeccionadas para gringos o semi gringos como yo. 
 
Pasan y desfilan las ‘señitos’ ofreciendo sus cintas de colores hechas en telar con colores alucinantes y con las más extravagantes combinaciones. Me acosan, piensan que tengo dinero que gastar. Me persiguen por las calles y bloquean mi paso para ofrecerme ‘ masash’, ‘pediquiur’, ‘wacsin madam’. 
Buenos Aires está lejos, y poca es la añoranza, a pesar de todo. Entre mis recuerdos de oro, mi abuelo, que me dio tanto sin saberlo. Cuando aprieta la soledad y el hastío de no pertenecer, una presión enorme en el pecho, me aplasta. Pero lejos estoy ya de Baires, que me arropó, me golpeó, me nutrió y empujó. 

 

Memorias de Cusco II

Una nueva marcha como todos los domingos en la plaza de armas... Cada domingo desfilan grupos diferentes, las universidades, los mercadistas, los carniceros, los verduleros, los campesinos... Desde que estoy aca, vi varios desfiles. todos se sientan en las gradas que estan rodeando la plaza para una mejor vista. Izan las banderas del Perú y de Cusco, que son los siente colores del arco iris. Cantan el himno del Perú. Los vendedores son piezas fundamentales en estos eventos gratuitos y abiertos para todos. Todos se visten de gala, hoy les tocó a las universidades. Las señoritas de trajecitos y mini faldas con tacones que estilizan. Todo es fiesta, todos sacándose fotos para el recuerdo de haber tenido el honor de haber desfilado en la plaza de armas un domingo al mediodía. Las cholitas y los cholitos danzan presentando a cada uno de los grupos que desfilan con banderas a todo color y para nada con pocos detalles. Las cintas de colores vuelan en el aire y sus ropas típicas se entremezclan con el gris de este domingo. Ya quedan los últimos globos revotando por ahí... todos ahora se juntarán con su familia a almorzar, porque la mayoría ya fue a misa más temprano. El sol se quiere escurrir entre las nubes densas, y aún siguen bailando algún que otro cholito por ahí...

Todo pasa y todo queda...

Todo pasa y todo queda, y qué hago con lo que queda? Qué queda cuando nada queda? Lo nuevo acontece y así el circuito de momentos oportunos se suceden unos con otros como eslabones. Vivimos para ver como todo viene y se va. Qué esperábamos cuando las mareas son fieles muestras de esta naturaleza? Todos, parte de un todo que viene y se va, nos marca y duele. Duele a pesar de los ciclos. Duele porque el miedo se clava en nuestros sueños como pezuñas moldeando y casi desgarrando. Duele la profecía autocumplida, duele a pesar de las señales. Duele porque nos distraen perfumes efímeros que nos regalan colores y recuerdos y eso nos hace pensar que todo finalmente se encaminará. 
Las mareas siguen, y esos perfumes se los llevan los vientos, aunque a veces sin traer uno nuevo cuando otro se va.